¿Está en riesgo el ejercicio del periodismo?



Muchas son las razones por la cuales la debacle en los medios tradicionales de comunicación no termina de tocar fondo, un modelo de negocio obsoleto, falta de planeación, poca visión de futuro y lo que es peor, una tardía reacción a la aplanadora de la era digital que terminó por doblegar al "mejor oficio del mundo", según Gabo.

Desde hace algún tiempo se debate sobre el fin de los medios tradicionales y cómo la irrupción del Internet tiene sociedades hipercomunicadas e hiperinformadas, sin embargo ¿es de calidad la información que reciben? o pero aún, ¿estamos produciendo contenidos de calidad para el consumo de nuestra audiencias?


Hoy la inmediatez informativa ha generado grandes vacíos o provocado grandes brechas en la forma de ejercer el periodismo. En la academia nos enseñaron a escribir bajo la estructura del qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué, algunos profesores nos pedían el para qué. Así mismo, nos exigían respetar los principios básicos del periodismo, resaltando especialmente la investigación y el contraste de las fuentes, es decir conocer las dos caras de la historia. ¿Dónde quedó eso? ¿Por qué el afán por rellenar una fría parrilla de contenidos hace que los medios olviden lo esencial del oficio?


“A ustedes los periodistas los está matando el síndrome de la chiva. El síndrome de la chiva va a acabar con el país. Fíjate, yo llevo tres años investigando, tratando de averiguar algo. Y los medios quieren averiguar y saber las cosas en el mismo momento en que suceden. Inclusive con una simple llamada telefónica. En la carrera en que andan los periodistas debe haber un minuto de silencio para reflexionar sobre la enorme responsabilidad que tienen”,  así le contestó Gabriel García Márquez a María Elvira Samper en una entrevista para la Revista Semana.


La carencia de rigor investigativo y la sombra de una fuente fidedigna y confiable de alto nivel, dan lo necesario para armar noticias carentes de argumentos que en muchas ocasiones terminan en matoneo mediático o matoneo digital.


El daño que sufre una persona o una marca son incalculables, no se resuelven con una nota de rectificación, tampoco con excusas públicas y mucho menos con el despido de quien generó la noticia, recuperar la reputación es una de las tareas más difíciles, desgastantes y requiere de una inversión importante de recursos económicos.


A la desgastada imagen de algunos medios, se suma ahora la nueva forma de conseguir audiencia: los ciudadanos reporteros. No estoy en contra de abrir los medios a la gente; al contrario, los medios deben estar al servicio de la sociedad. Esta apertura la celebro y aplaudo. Lo cuestionable de este modelo es la frecuente imprecisión noticiosa y la falta de investigación.


El deber de validar, contrastar e investigar, sí es de los medios de comunicación y del equipo de periodistas o investigadores. La formación en periodismo la tenemos quienes estudiamos en universidad para obtener, no el diploma, el título, somos los responsables por darle valor a la profesión y llevarla a lo más alto, aunque por allá en un triste 1998, la Corte Constitucional eliminó la "ley del periodista", por que según la ponencia del magistrado Carlos Gaviria, la libertad de expresión, al ser un derecho fundamental protegido por la Constitución Política, no podía ser coartado ni tampoco de uso exclusivo entre quienes ejercen la labor de informar, esto abrió una puerta sin control para que todo aquel que quisiera ejerciera el oficio a su antojo.


Regresando al rigor periodístico, muchas de las noticias que salen en secciones como “el periodista soy yo” de Caracol, por mencionar solo una, parece que no tuvieran filtro previo. Reciben un video y no se toman el trabajo de validar, el facilillo predomina en las salas de redacción, así es como salen al aire notas que no ha sido verificadas. A esto se suman los comentarios parcializados de los presentadores, como: qué horror, increíble, cuanta negligencia, entre otros tantos que de entrada van predisponiendo a las personas.


“El origen de este desastre podría ser que la formación de los periodistas no logró evolucionar a la misma velocidad que los instrumentos del oficio y se quedaron buscando a tientas el camino en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Deberían salir preparados para dominar las nuevas técnicas, y es todo lo contrario: salen llevados a rastras por ellas, sin los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu en el pasado y sin tiempo ni ánimos para pensar y seguir aprendiendo el oficio. La misma sala de redacción, que siempre fue el aula máxima, es ahora un laboratorio deshumanizado, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores”, palabras de Gabriel García Márquez, en 1995, cuando dio el discurso inaugural de un seminario sobre libertad de prensa y protección a los periodistas, organizado por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.


En ese discurso el nobel colombiano hizo una crítica a las academias de periodismo, donde se han dedicado a enseñar herramientas para el ejercicio periodístico, pero muy poco sobre el oficio mismo, específicamente en temas como: la práctica y la ética.


Lo triste es ver la proliferación de portales noticiosos, en su mayoría anónimos, dedicados a la generación de noticias falsas o amañadas. El Pew Resear Center publicó una encuesta donde le preguntaban a la gente sobre su fuente de información noticiosa. El 35% respondió que se alimentaban de las redes sociales, entonces ¿son las redes sociales o los reporteros ciudadanos los principales generadores de noticias? ¿Cuál debe ser el papel de los medios en esta era digital? ¿Cuál debe ser el rol de la academia?


Para dar respuesta a esos interrogantes, debemos regresar a lo básico, a la recuperación de los principios del periodismo, basados en la investigación y la ética.

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